Para el ojo que sabe detenerse, cada encuadre posee una poética distinta. Cada elemento contenido en la imagen opera como lo haría una palabra colocada sabiamente en el renglón de una carta emotiva o en el verso de un poema sublime. Estas páginas prescinden intencionadamente de los aspectos técnicos para centrarse en los atributos narrativos del encuadre: en la intrahistoria de un lugar, de un grupo de personas o de ese detalle cotidiano que habitualmente pasa desapercibido. Las imágenes aquí reunidas son el fruto de una misma disposición: una expectativa serena y febril al tiempo, que aguarda el instante preciso en que el entorno entra en contacto no solo con la retina, sino también con el alma. Son, al fin y al cabo, fragmentos de un diálogo silencioso con el mundo.